lunes, 10 de septiembre de 2007

Ariel


Tenia 27 años y en pocos días mas estaría inaugurando su propio restaurante. A una cuadra de la playa y con un toque de color. Comida internacional y platos fusión, solía decir. Ni el podía creerlo, mientras recordaba su lugar de origen y su pasado.

Era rubio y tenía unos hermosos ojos verdes. Varios tatuajes cubrían su piel bronceada y curtida por el sol. Su barba desprolija quedaba bien con esos jeans anchos que llevaba y esa camisa naranja que un nativo del río Amazonas le había dado como regalo un tiempo atrás.

Se movía con seguridad y era conocido por todos los lugareños de la zona, sin importar la edad.

De padre mozo y madre enfermera se había criado entre la villa y la playa, pasando su tiempo libre perdido entre las olas. Era el cuarto de cinco hermanos a las cuales no veía hacía bastante tiempo.

Trabajó desde chico hasta que un día, inquieto como era, quiso abandonar lo conocido y recorrer Latinoamérica. Así lo hizo. Quiso después, tener un hijo y vivir en pareja y lo logró.

Surfeaba con soltura y se divertía al hacerlo. Entrador de profesión y simpático por naturaleza.

Dejando atrás una esposa cantante y miles de profesiones, empezó un nuevo negocio y con el un nuevo amor y una oportunidad. ¿O habrá sido al revés?

viernes, 31 de agosto de 2007

Claudia

Pisando los 30 años y para sacar de su cabeza, o de su corazón, un amor terminado, decidió dejar la Capital e irse a instalar al sur. San Martín de los Andes fue el destino elegido. Ni siquiera ella imaginaba que allí conocería al padre de sus hijos.

Psicóloga de profesión y curiosa por naturaleza, vivía siguiendo sus impulsos, hasta que lo conoció a el. Él, que tenia 11 años menos que ella.

El amor los atravesó a ambos y en poco tiempo vivían juntos y en menos tiempo volvieron a vivir a Buenos Aires y encargaron al primero de los tres hijos que tendrían juntos.

¿Es por un tercero en discordia?, le pregunté.

No, nada que ver. Es la diferencia de edad, y los hijos. Uno canaliza ahí la energía y se descuida a la pareja, contestó

Hace ya diez años que están juntos y tienen 3 hijos hermosos.

Yo la conocí viajando y tomando distancia de esa crisis. Crisis que parece estar disolviéndose.

¿Será así realmente o seré yo que estoy empezando a tener una mirada optimista sobre el matrimonio?

jueves, 30 de agosto de 2007

Viaje I

Si bien la noche anterior había salido a cenar por las poco transitadas calles de aquel pueblo cercano al Ecuador, ningún indicio tenía del amor que iba a encontrar.

Esa mañana amaneció nublado, oscuro. Nubes grises le quitaban la luz al paisaje. El pueblo se veía triste. La tristeza embargaba las calles y los negocios, cambiando el paisaje por completo.

Salí caminando rumbo a la playa y la tristeza se ampliaba. A medida que avanzaba, la tristeza también lo hacía. Mi soledad iba quitándole luz a todo aquello que pisaba.

Mi mirada estaba puesta en el cielo, más precisamente en el punto en el que éste se encontraba con el mar. Una delgada línea separaba el verde del azul. El contraste era llamativo y me gustaba sobremanera.

De repente, y sin indicio previo, salió el sol. Mi corazón cambió por completo. Los colores del pueblo aparecieron y mi estadía empezó a llenarse.

El cielo brillaba con intensidad y el viento... el viento era fresco y dulce. Jugaba con mi pareo mientras subía la escalinata del acantilado. Una vez arriba la vista cambiaba, se ampliaba. Magnificente. Inmensa. Mientras el sol se ocultaba detrás de las palmeras.
Me sacaste una foto con el paisaje de fondo y sosteniendo el pañuelo que llevaba en la cabeza para que no se volara y volvimos caminando a la posada. Moría por una ducha y poder pasarme un poco de crema por el cuerpo. A la noche, habías prometido, comeríamos cerdo y yo esperaba con ansias.
(Continuará)

martes, 28 de agosto de 2007

No quiero

Recuerdo la conversación del domingo y sonrío. Complicidad y un nuevo estado civil.

A pesar de ello creo que con mis miedos te cohíbo. Siento eso por lo menos. Tal vez es la manera en que cuidas lo que decís, o disfrazas tus intenciones. Puede ser que me equivoque también, pero considero que te inhibo. Y no quiero eso.

No quiero eso. Definitivamente no lo quiero. Quiero que seas vos. Que puedas fluir. De mis miedos me ocupo yo.

Mi miedo es mío y solo mío. Vos no tenés porque cargar con el. Voy a superarlo solo si lo enfrento, no si lo evito.
¿Me ayudas?

lunes, 27 de agosto de 2007

Viaje

Después de una noche llena de afecto y cosas compartidas, emprendí el viaje en auto. Viaje que terminaría recién a las 6 de la tarde y luego de muchas vueltas.

Hacia delante solo veía incertidumbre. Un profundo miedo me embargaba y sentía un nudo en la garganta. Quizás por lo desconocido. La experiencia de viajar sola, tal vez.

Apreté contra mi pecho el dinero que había cambiado una semana atrás, mientras fantaseaba con como serían las cosas: la gente, el lugar.

El avión aterrizó y pronto me encontré en un taxi rumbo a mi destino final.

El viento entraba por el pequeño espacio abierto entre la ventanilla y el borde de la puerta. Golpeaba contra mi cara y enredaba mi pelo. Ellas conversaban atrás sobre cosas desconocidas y el murmullo se evaporaba con el calor del ambiente.

El sentimiento era de soledad: estaba acompañaba pero me encontraba sola. Completamente sola con mi alma.

Mientras tanto, aprovechaba e iba descubriendo el paisaje: los colores, las sombras y texturas. Sus olores y sabores. El sol se escondía muy a mi pesar. Podía sentir incluso el olor a sal.

Veía luces a lo lejos y los contornos empezaban a dibujarse. Luces enmarcando la vegetación, los negocios, las siluetas.
A pesar de mi excitación y entusiasmo nada de todo esto delataba aun lo maravilloso y mágico que sería ese lugar.
(Continuará)

viernes, 24 de agosto de 2007

¿Pasa?

Escribo. Me aburro. Miro la pantalla y leo. Busco una leche manchada y charlo con una amiga. Me siento otra vez. Suena el teléfono. Mientras hablo escucho un bip y sé que tengo una llamada en espera. Corto y se que hay alguien esperando en la línea. Respondo. Sonrío. Soy empática y fuerzo mi simpatía. Contesto mails. Suena el teléfono nuevamente. Consulto y respondo mas mails. Actualizo archivos. Envío nuevos mails y en un hueco, subo algo al blog.

Termina mi día. Me hago varias preguntas y la respuesta a todas ellas es un no rotundo.

Pasan las horas y el mundo sigue igual. Pasa el día y el mundo sigue igual. Y así se me pasa la vida.

martes, 21 de agosto de 2007

Cielo

Hoy levanto la cabeza y al mirar hacia arriba me doy cuenta que es igual que allá. Celeste profundo y con esas hermosas manchas blancas que lo hacen único.

Pero algo me inquieta y no sé que. Reconozco una diferencia y no sé cuál.

Los colores son los mismos: celeste y a veces azul. Despejado y otras veces no. Las texturas también: nubes esponjosas y blancas, como si las hubieran inflado, livianas. Otras, en cambio, grises y chatas. Esas oprimen la tierra y le quitan la luz. Esa, por lo menos, es mi sensación. Te diría que hasta el olor es parecido. La única diferencia esta en el tamaño y se nota.

La inmensidad es lo que lo diferencia. Veo el cielo por partes, fracciones. Secuencias que entrecortadas no forman un todo. Alla veía un cielo infinito. Rebalsante de inmensidad y luz.

Despertarme y ver el cielo me iluminaba los ojos, me endulzaba el corazón, me hacia flotar. Acá no es así. Este cielo no me alcanza. ¿Porque será?

Escuché al pasar ....

"No es importante cuanto vivas, sino como viviste el tiempo que te tocó vivir"