miércoles, 13 de junio de 2007

¿Life it's life?

Seis y media de la mañana suena el celular. Me levanto y voy a trabajar. Después de más de nueve horas fuera de casa termina mi día laboral. Salgo corriendo. Quiero volver a casa. Hora y media de viaje después llego para cambiarme e ir a entrenar. Dos horas y media de correr y transpirar. Regreso a casa. Me baño, como algo y me acuesto. Trato de dormirme rápido, quiero descansar, como queriendo ganarle al tiempo.

Me levanto seis y media otra vez. Voy a trabajar y al salir corro a la facultad. Diez de la noche emprendo el regreso a casa. Comer, pegarme una ducha y a la cama nuevamente. Pienso en cuanto me gustaría charlar con mi papa y contarle de mi día. Mama mientras hace sus palabras cruzadas en la cama. Mi hermana más chica duerme y la otra no está en casa. Me siento sola, pero solo por un rato, ya que me doy cuenta que tengo que irme a dormir lo antes posible. Mañana sonará el despertador a las 6 y media y el día empezará otra vez y con el la tediosa rutina ...

martes, 12 de junio de 2007

Mi paz

Un sahumerio prendido. Luz tenue. Las cortinas cerradas y música suave. Alguna melodía lenta a volumen bajo. Dejar los sonidos externos y los internos también. Apagar la cabeza y tratar de no pensar. Difícil, pero lo intento.

Dejarte fluir. Sentir todas y cada una de las partes del cuerpo. Relajarse. Simplemente cerrar los ojos y volar lejos de aca.

jueves, 7 de junio de 2007

Robo

Recuerdo que teniendo 4 o 5 años y paseando por el supermercado encontré una bolsa de caramelos Sugus abierta. Fue tal el descubrimiento que decidí meter la mano por el agujero y agarrarme algunos. Al salir la mire a mama con mi cara típica de pícara, extendí la mano y abriéndola le mostré los 5 caramelos que me había “robado” del súper.

Recuerdo en ese momento el seño fruncido de mama. Todavía hoy no puedo creer como fue que me hizo ir a pedirle perdón al Gerente del supermercado y encima devolverle los caramelos. Pero recuerdo que lo hizo.

Ahí aprendí que llevarme algo que no era mío era robar.

Vos, lo aprendiste? Te lo enseñó tu mama? Supongo que no y que esa es la única razón valida para que hicieras lo que hiciste.

Tu gesto, mocoso, me generó muchas cosas, pero por sobre todo, un sentimiento de vulnerabilidad e impotencia que jamás había sentido.

Vulnerabilidad de mi condición de humano, de ser falible, de ser mujer, de tener algo que vos no y evidentemente querías. Impotencia por no poder solucionar esta situación, por no poder mandarte a hablar con el gerente del super para que aprendas que esta mal, por no poder pegarte un coscorrón y recapacites sobre lo que hiciste. No solo no es una gracia, sino que tampoco la tiene.

Me queda una sola duda, serás consciente de lo que hiciste? Creo que no, y tal vez por eso te disculpo y espero que no se repita nunca nunca más.

jueves, 31 de mayo de 2007

Caer...

Me gustaría saber que me puedo caer y vas a estar dispuesto a levantarme. Aunque no lo vaya a hacer. Me gustaría saber que me puedo apoyar en vos. Me gustaría sentir que pase lo que pase vas a estar, porque por mas fuerte que me veas soy de piel y hueso. Soy débil y flaqueo. Y si, espero un abrazo tuyo en ese momento, un empujón o aunque sea una palabra de aliento.

Sé que puedo dar otra imagen, sé que suelo mostrarme fuerte, omnipotente y hasta a veces un un huracán que se lleva todo por delante.

Pero no. No soy así. Es solo una careta que me pongo para poder transitar en este mundo lleno de banalidades.

lunes, 28 de mayo de 2007

Un domingo de marzo

Volvía a casa distraída como siempre y un poco agotada después de un día afuera. El estaba en el suelo, doblado de dolor. Anónimo como muchos otros extranjeros que nos regalan los países vecinos.

El llevaba una campera de cuero a pesar del calor. Yo solo un jean y una musculosa.

Hice una pregunta estúpida, como tantas otras veces, pero esta vez sirvió para detectar una necesidad, un pedido de ayuda... una urgencia.

Busque un taxi y subimos junto con su hermano. El taxista entendió rápidamente lo que nos urgía y busco complacernos. Los semáforos estuvieron de nuestro lado al igual que el azar que quiso que nos encontráramos.

Llegamos al hospital. La angustia que sentía al ver el dolor en su rostro era la que me movilizaba. Reía para no llorar y lo acariciaba como si fuera mi novio. Claro esta que no lo era.

Sentía impotencia y rabia. La atención sé hacia rogar y el dolor era cada vez mas fuerte. Lagrimas caían de sus ojos. Mientras acariciaba su pelo, le susurraba al oído lo que iba sucediendo. Buscaba tranquilizarlo, ayudarlo, y hasta cumplir con un rol que no me correspondía.

Me veía en una película muda, esas en blanco y negro. Cualquiera al que le contara lo sucedido ese domingo lo tildaría de surreal.

Mi desesperación era tal que conseguí la atención de un enfermero y hasta el de una doctora. Entre enfermos y urgencias, fue atendido y operado. Ese dolor fue extirpado, su herida sanada. Su abdomen hoy registra esa marca.

Entre fiebre y suero me despedí de el, dejándole mi numero telefónico por cualquier cosa y una botella de agua que compré a las apuradas. Tal vez por la culpa que me generaba partir, pero el horario y saber que el deber me llamaría a la mañana siguiente, me forzaron a irme y dejarlo en el frío hospital y con la angustia en las manos.

Aun no sé que fue lo que me llevo a actuar así. Aun no se como el miedo que sentí al darme cuenta de la inconsciencia que cometía, no me paralizó.

Como otras historias, esta terminó bien. Yo me sentí ángel por unas horas. Él eternamente agradecido.

jueves, 24 de mayo de 2007

Ruido

Vuelvo a casa después de un largo día de trabajo. Bah! Largo como todos los días de trabajo y un poco más corto que los últimos.

Subo al subte y me molesta el ruido. Me molesta el barullo general pero reparo en un sonido particular que me inquieta mas que el resto. Uno que me taladra la sien. Un ruido que me aturde y que se mete en mi cabeza. Ese que me avisa que las puertas se cerraran en breve. Ese que es demasiado largo para ser solo un aviso y se repite en todas y cada una de las eternas estaciones de la línea D.

Bajo del subte en la terminal y me paro en la escalera mecánica que me llevará hasta la avenida. Mas ruido. Bocinazos, motores de todo tipo, conversaciones, un avion que surca el cielo. Hasta el sonido del viento me molesta. Pareciera que solo yo lo percibo. La gente transita como si nada, como si en lugar de este caos, existiera silencio, paz, vacío. Yo en cambio debo tener la mejor cara de desencajada. Me fastidia este bochinche. Me fastidian todos los ruidos. Quiero llegar a mi casa! Como si tuviera garantizado que allí no habrá sonido alguno.

Subo al colectivo. El murmullo de la gente que conversa, el ruido del motor del vehículo, la puerta que se abre y se cierra, un celular que suena reiteradas veces, la maquina de boletos. Evidentemente mi cabeza ya tiene suficiente trabajo con el ruido de mis pensamientos. Podré apagarlos aunque sea un rato?

miércoles, 23 de mayo de 2007

Volver al colegio

Llegue al aula sobre la hora. Al pararme en la puerta el ya estaba saludando e indicándome que había un lugar libre junto a él. La clase comenzó y el tema llevaba al debate constantemente. El profesor hablaba en forma continua con un tono grave y en forma monótona.

Desplegué mis papeles en forma desordenada sobre el escritorio y comencé a conversar con otro compañero. Segundos mas tarde me deslizó un papelito con un mensaje. Era como si hubiera vuelto al colegio. Tal vez por su corta edad. Recordé travesuras y picardías del colegio secundario. Claro está que ya había pasado esa etapa hacia tiempo, o se suponía que debería haberla pasado ya.

Él tenía una sonrisa amplia, que invitaba. Sus ojos marrones transmitían sinceridad. Mentiría si dijera que desde que lo vi sentado en la primera clase no me llamo la atención. Llegó 10 o 15 minutos después que yo y se sentó a un lugar mío. Su pelo endemoniado y su ropa casual, eran su escudo contra “esa gente”. A él solo se acercaba gente con buenas intenciones... o al menos eso me parecía.

La segunda clase me senté junto a él y me confesó que era tímido. Claro, todos lo somos cuando recién conocemos a alguien, o no? Aunque lo exteriorizamos de distinta manera.

Vuelvo a la clase. Si, a esa clase en la que me deslizó el papelito. No fue la primera ni la ultima en que algo así sucedió. Nos divertía, nos gustaba. Se rumoreaba que había algo más entre nosotros, aunque los dos sabíamos que no era así. Esperábamos la clase para hablar, vernos y contarnos lo vivido en esos días.

Me queda una duda... me habrá pasado solo a mi? Habrá sido una sensación mía? Una ilusión? Espero no haber estado sola en esa escondida, en ese juego, en esa clase...

Escuché al pasar ....

"No es importante cuanto vivas, sino como viviste el tiempo que te tocó vivir"